El monasterio de
San Juan de la Peña, situado en Santa Cruz de la Serós, al
suroeste de Jaca, Huesca, Aragón (España) fue el monasterio más
importante de Aragón en la alta Edad Media. En su Panteón Real
fueron enterrados un buen número de reyes de Aragón. Forma parte
del camino aragonés del Camino de Santiago.
Leyenda:
Cuenta la leyenda,
que un joven noble de nombre Voto, vino
de caza por estos parajes cuando avistó un ciervo. El cazador corrió
tras la presa, pero ésta era huidiza y al llegar al Monte Pano, se
despeñó por el precipicio. Milagrosamente su caballo se posó en
tierra suavemente. Sano y salvo en el fondo del barranco, vio una
pequeña cueva en la que descubrió una ermita dedicada a san Juan
Bautista y, en el interior, halló el cadáver de un ermitaño
llamado Juan de Atarés. Impresionado por el descubrimiento, fue a
Zaragoza, vendió todos sus bienes y junto a su hermano Félix se
retiró a la cueva, e iniciaron una vida eremítica.
Construcción
del monasterio:
La construcción de mayor
importancia empieza el año 1026 por iniciativa de Sancho el Mayor.
En el año 1071 el rey Sancho Ramírez cede el conjunto existente a
los monjes cluniacenses y favorece su reforma. En este momento se
levanta el conjunto que hoy queda, en mayor o menor medida. La
reforma benedictina de Cluny no podía obviar la construcción de un
claustro que se finalizará ya entrado el siglo XII.
Panteón
Real:
En
el piso superior se encuentra el Panteón real. En él, durante cinco
siglos se enterraron algunos de los monarcas de Aragón y de Navarra.
Su aspecto actual data del siglo XVIII.
En San Juan de la Peña, los reyes de Aragón fueron sepultados en
tumbas de piedra colocadas en tres órdenes superpuestos.
El panteón real ocupa las dependencias de la antigua sacristía de
la iglesia alta, que data del siglo XI; fue reformado por Carlos III
en 1770, siguiendo las indicaciones de don José Nicolás de Azara y
del conde de Aranda. La
reforma sólo afectó a la decoración, quedando los sepulcros en el
mismo lugar; se levantó delante de ellos una pared en la que se
colocaron láminas de bronce con las inscripciones correspondientes,
se distribuyó por la sala profusión de estucos y mármoles,
colocando en la pared frontera unos medallones con relieves que
representan escenas de legendarias batallas.
Alberga los restos de algunos monarcas navarros que reinaron en
Aragón, de los primeros condes aragoneses y de los tres reyes
iniciales de la dinastía ramirense,Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro
I junto con sus esposas.

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